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lunes, 30 de agosto de 2010

Oportunidades en tiempos crisis

Don Quijote de la Mancha pasaba apuros económicos. La crisis había llegado a todos y en un mes se le acabaría el paro. Así que vendió su armadura y compró una bata blanca sobrándole mucho dinero. Como no podía mantener a Rocinante lo cambió por una silla mecánica último modelo. A cambio de su espada le dieron una navaja afilada y no pocos maravedís. Hace dos semanas que está asentado para no derrochar los ahorros por caminos polvorientos. Por fin está seguro de su próxima aventura, y por nada del mundo vendería ya su yelmo. Desde que abrió la barbería resuelve entuertos y protege a los desfavorecidos como nunca. Ahora controla los gaznates de medio pueblo.

(C) Jonatan Sánchez Martín 


Paseo matutino

Un ambiente húmedo lo empañaba todo en invierno, pero daba lo mismo: mi dueño veía igual de mal con gafas o sin ellas. Aun así siempre salíamos. Me enganchaba la correa y tiraba de mí hasta el parque. Solo allí se sentía como pez en el agua: respirando esa paz de la dormida ciudad, huyendo de las cuatro paredes que a todos nos aprisionan.

A la vuelta,  por la calle, nos cruzábamos con los más madrugadores. La gente nos miraba extrañada, algunos se compadecían a una distancia prudencial y los más crueles hasta se reían como si sus vidas tuvieran más sentido. Él les devolvía el gesto desde sus cuencas vacías y difusas. Los detestábamos. Mi dueño me quería y me comprendía: pocos sabían lo que era vivir tras un cristal empañado. Tengo mucho que agradecerle, los rodines del acuario fueron para mí como las piernas que nunca tuve.

(C) Jonatan Sánchez Martín 

lunes, 23 de agosto de 2010

Musical



Los primeros rayos de sol me despiertan y decido escaparme al baño. Me inclino para recoger el preservativo usado y llevarlo a la papelera, pero el maldito condón se yergue sobre el nudo que le hice y abre dos alegres ojillos que me lanzan una mirada cómplice. También tiene boca y se arranca:
"Oooooh, the word´s on the street, you found someone new..."
Se balancea, y de la caja de doce que hay sobre la mesilla, seis preservativos sin abrir salen bailando y saltan, uno a uno, al suelo para hacerle los coros. Tienen un rostro familiar. El tuyo.
Ojiplático los observo subirse a la cama sin perder el ritmo y avanzar con su canción sobre la espalda desnuda de la chica que duerme a mi lado.
"A bad cover version oooof looooooove is not the reeeaaal thiiiiiing..."
Les sigo con los dedos, que danzan sobre su espalda hasta que se despierta. 
Follamos de nuevo.
Y luego me duermo. Ya mearé mañana.

© Francisco David Murillo

Apaños informáticos



— No le late el corazón. Tiene la cabeza desmayada. No le encuentro el pulso. Creo que está fiambre.
— Usted llegará lejos, López. Siempre he dicho que tiene  capacidad de deducción.
— Gracias señor comisario. ¿Qué hacemos con la mujer? Parece  consternada.
— Póngale algo por encima que se va a constipar. Y consternación y constipado casan muy mal. 
— El finado tenía treinta y dos años, comisario. Y parece ser que no era el que reparaba el ordenador, como ha dicho la señora. Aquí no hay ningún maletín con herramientas, ni siquiera un destornillador.
— Eso me temía. Abróchele bien los botones de la camisa y súbale la cremallera de la bragueta al finado, López, que ya no le va a hacer falta reparar ningún aparato.
— Fíjese comisario. La cama ha quedado inservible. Parece un animal destripado.
— Ya veo. Dígale a la madre abadesa que deje su consternación para otro momento y que no se preocupe, que ya veremos de arreglar el asunto.




© Elena Casero

Cuestión de justicia

El que tú ya sabes te está buscando, me dijo el 37211. 
Por fin, pensé. Más de un año deseando que sucediera. Una espera que terminaba hoy. El dolor con dolor se paga, me recordaban en la cárcel a diario. Quien a hierro mata, a hierro muere. Estábamos dando vueltas al patio. Sentía su presencia cada vez más próxima, esperando que se cumpliera la ley del talión. 
Acaba con esto, rogaba en silencio. 
Sé justo, le rogaba. 
Él me adelantó por la izquierda y se detuvo ante mí. Le supliqué con la mirada que terminara con aquella condena que nada tenía que ver con la carcelaria. 
La justicia no existe, dijo y riendo, desapareció.


© Elena Casero

Paisaje urbano

Está harto de esta calle. Las máquinas que abren ojos al asfalto, el humo de miles de coches que atraviesan incesantemente esa boca gigantesca, la cola interminable de carteras que recorren las aceras en una carrera estúpida hacia una engañosa felicidad, los trajes que disfrazan cuerpos robóticos, acompasados pasos de prisa, llamadas falsas y miradas en negativo que analizan al contrario. Definitivamente, debe salir de aquí, no es su sitio, no encuentra el aire que necesita. 
Sin dudarlo agarra sus cartones, la gorra de los Lakers que encontró en un bidón de basura y una bolsa raída con los últimos restos de la cena nocturna. El hombre abre su sonrisa cuando se dirige hacia Central Park y sólo puede pensar que la guerra volverá a empezar a sus espaldas cuando, en uno de los tantos periódicos abandonados en el suelo, lee que ha vuelto a bajar el Dow Jones.

(C) PURI GÓMEZ

Diálogo conyugal



- Cariño…
- ¿Mmmmmmmmmmm?
- ¿No me has notado nada raro últimamente??
- ¿¿Mmmmmmmmmmmm??
- ¡¡¡Estebaaaaaaaaaaaannnnnn!!!!
- ¿Eh? ¡¡Ay, Gloria, que sí, que ya lo he pagado!!
- ¿Qué pagaste, qué? ¡Pero bueno, tú estás tonto o qué? ¡Jo-der!
- Hija, cada día estás más pesadita; qué coño te pasa, hostia, ya.
- Esteban,¿¿acaso no te has dado cuenta de que hace meses que no menstruo?
- Pero, Gloria, de verdad, sí que estás boba, mujer. ¿No te has dado cuenta de que el que menstrua ahora soy yo?

(C) Malicia Cool XX

El adefesio

Es un papelorrio amarillo y horrible. “Saldos. Liquidación. Todas las alfombras a 400 euros”. Lo arrugo y apretujo con saña y lo dejo caer en la acera. Una mujer empingorotada, amplia sonrisa, me alcanza: “¡¡Señora, se le ha caído esto!!”. “Gracias”, le contesto cariacontecida. Avanzo un poco más y me vuelvo a deshacer del papel, ahora casi violentamente. Aparece un niño de no se sabe dónde: “Señora, se le ha caído esto!!”. Se me escapa una lagrimita. Cuando llego a casa, lo tiro, encolerizada, al retrete, tiro de la cadena y me voy a dormir, feliz. 
Al despertar, el papel sigue ahí


(C) Malicia Coool XX

Cuestión de look

Una semana después de su retorno a una vida hecha de retales y puntadas remendonas, el cerebro del monstruo de Frankenstein alcanzó el grado de conciencia estética suficiente. Cuando se miró por primera vez al espejo le horrorizaron ese color de piel verdoso, macilento, y esos costurones que le surcaban el cuello, las órbitas y las comisuras. De modo que tomó la decisión de abandonar a su creador y ponerse en manos del doctor Cinfollas, prestigioso cirujano plástico a cuya consulta habían acudido ya las famosas y famosos del momento, entre ellos la popular estrella del pop, Michael Johnson.


 (C)Antonio Alfeca

Caída del régimen



Era un acérrimo republicano. Ese día su depresión lo había conducido al borde de la náusea. Entonces sacó del cajón una de aquellas caretas de la manifestación del 14 de abril, se la colocó y, frente al espejo, se descerrajó los sesos de un disparo.



(C) Antonio Alfeca